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Apesar de la buena imagen, que la dió, y a pesar del buen fútbol, que lo desplegó en gran parte del encuentro, el Sevilla se vuelve sin otra SuperCopa de Europa. Y lo que más duele, después de haber tenido el título en las manos y haberlo perdido en el minuto 93.

Eso sí, ha quedado claro a qué juega este equipo. Con un once con tres centrales, cinco centrocampistas y tres arriba, con Vitolo y Mariano escoltando a Vietto, el equipo se hizo con el balón y se volcó desde el primer momento en el campo del Madrid, aunque durante gran parte de la primera mitad sin hacer mucho daño y con serios problemas a la hora de sacar la pelota jugada, pues apenas se recurría al pelotazo.

El Madrid necesitó, sin embargo, mucho menos para hacer daño, con un trallazo de Asensio que sorprendió a Rico y que ponía tierra de por medio a los veinte minutos de juego. El partido se afeaba, pero el Sevilla no se descompuso. Sin embargo, por más que casi duplicaba en pases al Madrid, al conjunto nervionense le faltaba una marcha más, que acabó llegando en el último cuarto de hora del primer tiempo. Al recurrente toque se le inyectó sentido y a cuatro del descanso apareció Franco Vázquez, que le robó un control a Vitolo, conectando un zurdazo inapelable que cruzó al palo largo de Casilla sin que éste pudiera hacer nada para remediar la igualada.

El empate sin duda era un aldabonazo para un Sevilla que no merecía irse al descanso perdiendo. En la reanudación el Madrid generó peligro pronto, pero fue el Sevilla quien se hizo con el mando de la situación de la mano de un Franco Vázquez inconmensurable en la línea de tres cuartos. El italoargentino dio rienda suelta a su mejor fútbol y contagió a sus compañeros. Las llegadas del Sevilla, que presionaba arriba y lograba hacer del partido un golpe a golpe vibrante, eran cada vez más serias hasta que a menos de veinte para el final Vitolo provocó un penalti y Konoplyanka, recién salido por un poco presente Vietto, transformó con clase. El Sevilla encontraba premio a una segunda parte espléndida en la que pasaba por encima de su contrario, tocando rápido y jugando a alta velocidad.

El partido se ponía de cara, pero el Sevilla FC no se confiaba. Sin delanteros, pero con un juego muy dinámico los hispalenses asomaban con mucho peligro por el área de Casilla. El Madrid, con Modric, Benzemá y James, saliendo desde el banquillo, en el campo, lo intentaba más por obligación que por convicción. Y mientas todo eso ocurría, Franco Vázquez ofrecía su particular exhibición de fútbol total, con taconazos de máxima elegancia que daban todavía más realce a lo que parecía una noche redonda. Pero el embrujo se rompió cuando todo parecía visto para sentencia. Con el tiempo cumplido, a sólo segundos de que se rebasara el añadido, Sergio Ramos, que entró en el área libre de marca, heló el ardor de los más de mil sevillistas que ya festejaban el triunfo. Ese error, con el partido ganado y sacando un córner en la jugada anterior, acabó resultando fatal.

A la prórroga con el palazo moral que suponía el empate y una segunda amarilla de Kolo nada más arrancar que todavía empinaba un poco más la cuesta. Pareja comenzó a cojear y sólo su inmenso amor propio le hizo acabar el partido. El Madrid aprovechó las circunstancias y sobre todo en la segunda parte de la prórroga fue un ciclón. El Sevilla recurría a la heroica para aguantar hasta los penaltis, aunque era Sergio Rico quien tiraba de los suyos, con una exhibición de intervenciones salvadoras. Pero de nuevo a un minuto de que todo acabara, como más duele, llegó la debacle. Carvajal le robó la cartera a Konoplyanka y se coló como una moto por el flanco izquierdo del área nervionense para fusilar con el exterior a Rico.

El final de la prórroga fue casi tan doloroso como el final de los primeros noventa minutos. No queda más que levantarse rápido, el calendario obliga y en apenas unos días hay una nueva cita oficial, la SuperCopa de España.